La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es un lepidóptero.

 

Se ubica cerca de los pinos en menor medida en cedros y abetos donde instalan los nidos (bolsones) en los que se desarrolla la larva. Esas bolsas son muy visibles por su color blanco y pueden llegar a medir hasta 20 centímetros. 

Su ciclo vital es de tres fases: huevo, larva (oruga) y adulto (mariposa).

 

Entre febrero y abril, la procesionaria abandona el nido para pasar de larva a crisálida. Las orugas bajan por el pino en fila para enterrarse en el suelo donde termina su desarrollo y volar en julio como mariposas.

Cuando bajan al suelo lo hacen en forma de procesión, unidas unas a otras (de ahí su nombre).

La superficie del cuerpo de la oruga está recubierta hasta por 500.000 pelos que liberan substancias toxicas y urticantes que con solo el roce se desprenden y pueden provocar urticaria. La otra forma de contacto con las orugas es por vía área de los pelos.

La forma de moverse en procesión las orugas en el suelo llama la atención de los perros que se acercan a olerlas, tocarlas con las patas por curiosidad o incluso intentan comerlas.

 

La toxicidad de los pelos urticantes afecta a las partes más expuestas y sensibles del perro como la boca, ojos, hocico y almohadillas de las patas.

Síntomas:

 

Algunos de los síntomas de contacto entre oruga procesionaria y perro son:

 

Por contacto con la oruga en primer lugar se puede desarrollar un proceso alérgico agudo.

 

La intoxicación supone:

 

  • Si es por contacto con la piel, dermatitis aguda.

 

  • Si el contacto ha sido en ojos, tendrá una conjuntivitis intensa, inflamación de parpados.

 

  • Si se ha comido o lamido una oruga, el riesgo es mayor por la substancia urticante toxica.

 

Dolor de boca, intentando rascarse desesperadamente.

 

Comportamiento inquieto o nervioso.

 

Babeo constante.

 

Problemas para cerrar la boca.

 

Inflamación de la cabeza.

 

Inflamación de la lengua y boca.

 

Manchas rojizas, parecidas a las ampollas, en la lengua.

 

Perdida de una o gran parte de lengua por necrosis.

 

Inflamación de la garganta provocando dificultades respiratorias

e incluso la asfixia del perro por edema en laringe.

 

Fiebre.

 

Inflamación de esófago y estomago: Alteraciones digestivas.

Prevención:

 

La mejor medida es evitar el contacto del perro con la oruga procesionaria: No dar paseos por zonas de riesgo (pinares o zonas colindantes, ya que pueden ser transportadas también por el viento) entre los meses de febrero y abril.

 

¿Qué se debe y puede hacerse?

 

Es muy importante ir a su clínica veterinaria o a urgencias para empezar el tratamiento lo antes posible. Por el peligro que ello supone.

 

Hay que tener en cuenta:

 

La substancia tóxica de la oruga puede estar en el pelo, boca y saliva del animal, por lo que hay que evitar:

 

Las personas que toquen al perro tienen que utilizar guantes (la sustancia tóxica les puede afectar a ellos también).

 

Evitar que el perro se extienda aún más la sustancia tóxica lamiéndose, frotándose o tocándose en otras partes del cuerpo.

 

Si no se trata a tiempo puede suponer incluso pérdida de zonas de la cavidad bucal, problemas en la laringe… si la infección se extiende.

 

Como primera ayuda se puede lavar la zona afectada con agua templada o suero (el calor destruye la toxina) pero en forma de spray o chorro.  “no se debe frotar la zona ya que al romper los pelos urticantes liberaran la toxina”. 

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